Ya tenemos aquí la primavera y aunque el huerto no para en todo el año en primavera se nos acumula la faena. Aquí os damos algunas pautas sobre todo lo que hay que hacer para que nuestro huerto sea un éxito.
- Planificar el espacio: teniendo en cuenta la cantidad de sol, el viento, el agua, la rotación y asociación de cultivos, el manejo…
- Escalonar los cultivos: Tanto si es de siembra como de plantel podemos escalonar los cultivos para alargar la temporada y diversificar las cosechas.
- Preparar la tierra para para que nuestras plantas crezcan fuertes, productivas y resistentes.
- Verificar el sistema de riego.
- Preparar purines, fertilizantes, insecticidas y fungicidas naturales.
- Establecer una rutina de trabajo. Sobretodo si vamos a ser varios en trabajar en el huerto es muy importante planificar las labores.
¿Cómo nos puede ayudar la microbiológia?

Las plantas son protagonistas y no meras espectadoras en el ciclo de la vida. Ellas comunican tierra y aire, aire y tierra. Y los microorganismos són sus primeros aliados.
A través de sus raíces, emiten exudados compuestos azucarados que nutren y seleccionan a los microorganismos que mejor les convienen. Es una relación activa, simbiótica y dinámica. Cuando esta red de vida está en equilibrio, el suelo recupera su funcionalidad. Y todo funciona naturalmente: se recupera la estructura. Sabíais que la estructura del suelo comienza en las bacterias que mantienen unidos los primeros agregados (microagregados) para que después los hongos mantengan a los siguientes (macroagregados) y así se va activando la cadena que da vida al suelo y a la tierra.
Un suelo vivo:
- Cicla los nutrientes naturalmente eliminando la dependencia de fertilizantes sintéticos.
- Retiene agua y mejora la infiltración
- Secuestra carbono devolviendo fertilidad al suelo
- Crea una barrera biológica contra plagas y enfermedades
- Favorece cultivos más sanos y resilientes
Un suelo más completo y diverso a nivel microbiológico es mucho más fuerte y resistente frente a cualquier amenaza. Un suelo lleno de vida, de microbiología diversa, es un suelo sano, donde las patologías y plagas no tienen mucho que hacer.
Como todo en la naturaleza está enlazado de forma simbiótica y complementaria a través de la fotosíntesis de las plantas se cierra el ciclo. Las aplicaciones foliares de microbiología favorecen este proceso. Durante el día con la radiación solar las plantas absorben el co2, lo incorporan a su estructura y liberan oxígeno y vapor de agua. Los animales respiramos ese oxígeno y liberamos co2, además si el suelo está sano una parte de ese carbono queda en él y no es liberado a la atmósfera.
Así pues los suelos vivos amortiguan naturalmente cambios climáticos, mejoran la biodiversidad, producen alimentos de forma más sana e independiente de aditivos e insumos químicos nocivos.